Los católicos regresan «por miles, no por cientos», aseguran obispos en Nigeria

Persecución cristiana en Maiduguri

Miles de católicos en el noreste de Nigeria han regresado a la iglesia, desafiando sus temores tras más de 15 años de insurgencias violentas. Los obispos John Bakeni y Oliver Doeme, de la diócesis de Maiduguri en el estado de Borno, informaron a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) que los fieles están volviendo «por miles, no por cientos».

El Centro de Peregrinación de Whuabazhi —cuya construcción contó con el apoyo de ACN— ha registrado cifras récord de asistencia. Los prelados destacan el impacto espiritual y social de este lugar:

“La gente regresa sanada… es un enorme centro de empoderamiento para los jóvenes”.

El renacer de la fe en la cuna de Boko Haram

Maiduguri es el lugar donde nació Boko Haram, grupo islamista que ha librado una insurgencia brutal desde 2009, causando la muerte de aproximadamente 20,000 personas y el desplazamiento de más de dos millones. A pesar de que los yihadistas se han extendido a otras áreas, muchos desplazados han decidido volver a sus comunidades.

El obispo Doeme enfatiza que la fe del pueblo permanece inquebrantable y que las cifras actuales superan a las registradas antes de la crisis:

“Tenemos muchas bodas, el número de niños que reciben la Sagrada Comunión se ha disparado y los bautizos llegan a los 1,000. La diferencia es de miles, no de cientos”.

Un legado de persecución y resistencia

Desde el inicio de la crisis en 2009, y especialmente hasta 2014, las comunidades cristianas sufrieron ataques organizados que provocaron el desplazamiento masivo de más de 90,000 católicos y la muerte de más de 1,000. Además, 279 personas fueron secuestradas (incluyendo niños), de las cuales 100 aún no han regresado. La violencia también dejó un rastro de destrucción en la infraestructura: más de 200 iglesias, 10 parroquias, clínicas y propiedades residenciales fueron reducidas a escombros.

A pesar del peligro constante, los obispos y sacerdotes nunca dejaron de desplazarse a las zonas rurales para administrar los sacramentos:

“La situación solo ha servido para fortalecer la fe de nuestro pueblo. En el momento en que la Iglesia enfrenta persecución, la gente se vuelve más viva, su fe se vuelve más activa; esta es nuestra experiencia”.

La ironía de la paz en medio de la inseguridad nacional

Mientras la situación en Maiduguri ha mejorado, el obispo Bakeni advierte que muchas otras partes de Nigeria siguen siendo inseguras y que la nación vive bajo una «nube de miedo y ansiedad» debido a los asesinatos y secuestros diarios. Para él, el retorno de los feligreses es una paradoja llena de significado:

“Ordinariamente, cuando las personas se enfrentan a la violencia, la iglesia debería estar menos poblada, pero lo que estamos viendo es lo opuesto. Por mala que sea la persecución, estos son los testimonios que tenemos. Es el testimonio de la fe, y de la fe que es puesta a prueba”.

Finalmente, ambos obispos expresaron su gratitud a los benefactores de ACN, asegurando que, sin su apoyo, la historia de Maiduguri sería hoy muy diferente.

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