- Gracias a las intenciones de misa gestionadas a través de Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN), los sacerdotes locales pueden permanecer junto a las familias desplazadas y continuar su labor pastoral con dignidad.
“Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gálatas 2,20). Con este espíritu de profunda fe, la comunidad cristiana en el Líbano afronta una de las etapas más complejas de su historia reciente, marcada por una profunda depresión económica, la inflación y los estragos de los recientes conflictos en Medio Oriente, que han obligado a numerosas familias a abandonar sus hogares.
En medio de este escenario de incertidumbre y miedo, la Iglesia ha permanecido firme al lado de la población. La misión de los sacerdotes se ha vuelto más vital que nunca, asumiendo la tarea de consolar a los desplazados, aliviar a los afligidos y difundir la esperanza del Evangelio.
“Nuestra arquidiócesis, aunque herida, sigue en pie, convencida de que la oración abre caminos allí donde las circunstancias humanas parecen cerrar todas las puertas”, reflexiona el arzobispo Georgas Iskandar, de la archidiócesis melquita de Tiro.
Un sustento material y un lazo de comunión espiritual
Para que los pastores puedan sostener su labor y permanecer junto a su grey, la aportación de los fieles a través de las intenciones de misa resulta un pilar fundamental. Estos estipendios no representan únicamente un alivio frente a la grave crisis económica que atraviesa el país, sino un signo tangible de solidaridad espiritual y comunión eclesial global.
“Su generoso y bondadoso apoyo me sostiene a pesar de las graves dificultades económicas que está atravesando nuestro país”, señala el padre Antoine, uno de los 14 sacerdotes de la archidiócesis de Tiro que reciben este respaldo a través de la fundación pontificia ACN.
Por su parte, el arzobispo Iskandar ha querido expresar su reconocimiento a los benefactores: “Para nuestros obispos y sacerdotes, estos estipendios de misa han sido un signo tangible de comunión eclesial, cercanía fraterna y solidaridad espiritual, pues los han ayudado a continuar su ministerio con dignidad, fidelidad y esperanza”. Asimismo, el arzobispo ha garantizado que todas las divinas liturgias se celebran con un profundo espíritu de gratitud, cumpliendo estrictamente con las normas canónicas y llevando en la oración las intenciones de quienes acompañan a la Iglesia libanesa con tanto afecto.
Desde la Archidiócesis se hace un llamamiento a mantener viva esta unidad en la fe, acompañando con la oración y la cercanía a los sacerdotes y al pueblo del Líbano en este tiempo de necesidad.
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La Archidiócesis melquita de Tiro destaca que la oración y la solidaridad internacional abren caminos allí donde la crisis económica y los conflictos cierran puertas.