Líderes católicos abogan por el derecho al retorno de los desplazados internos
El retorno de miles de cristianos desplazados a sus localidades de origen en Irak, apoyado por ACN tras la derrota del Estado Islámico, podría servir de modelo para responder a la crisis que viven las comunidades cristianas del Middle Belt nigeriano.
El 6 de agosto de 2014, el Estado Islámico arrasó las llanuras de Nínive, la patria ancestral de los cristianos iraquíes, obligando a cientos de miles a huir en una noche hacia la seguridad de Erbil y otros lugares del Kurdistán iraquí.
Durante los tres años siguientes, miles de familias vivieron en casas rodantes – creando centros de desplazados, en departamentos arrendados o familias de acogida. Después de la liberación de Mosul, Qaraqosh y las otras aldeas de las llanuras de Nínive, la fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) promovió y apoyó el plan “Retorno a las raíces”: un proyecto para reconstruir viviendas, iglesias y colegios en las aldeas devastadas, permitiendo finalmente que quienes deseaban regresaran a sus tierras y que la vida cristiana pudiera florecer de nuevo en la región.
Hoy a miles de kilómetros, millones de cristianos de la región del Middle Belt de Nigeria están atrapados en un ciclo de desplazamiento forzado y violencia. Expulsados de sus tierras por frecuentes ataques terroristas que quedan impunes, muchos llevan viviendo en campamentos hasta dos décadas, pero la destrucción se extiende por toda la región.
Este desplazamiento masivo se debe a violentos ataques de pastores nómadas fulani radicalizados que buscan utilizar las fértiles tierras para el pastoreo. La mayoría de estos pastores pertenece al grupo étnico fulani, tradicionalmente musulmán, lo que añade un componente religioso a una ya compleja mezcla de tensiones étnicas y sociales.
Uno de los estados más afectados es el de Benue, donde hay más de dos millones de personas desplazadas, de las cuales el 98 % son cristianas. Mientras el Gobierno nigeriano propone una política de reasentamiento, la Iglesia local prefiere trabajar para que los desplazados puedan regresar a las tierras ancestrales de las que fueron expulsados, porque considera que las soluciones de reasentamiento propuestas por el Gobierno serían injustas, ya que reconocerían y perpetuarían los cambios demográficos producidos en los territorios en disputa. Además, tendrían consecuencias negativas para el desarrollo humano.
El padre Remigius Ihyula, sacerdote de la diócesis de Makurdi, una de las más afectadas, declaró a ACN: “Los supervivientes que viven en campamentos o en comunidades de acogida se han visto obligados a adoptar mecanismos de supervivencia inseguros, como el trabajo infantil, la prostitución y los matrimonios infantiles. También hemos observado un aumento del consumo y tráfico de drogas”.
Mientras esta situación continúe, sostiene el padre Remigius, también estará comprometido el futuro de las próximas generaciones, debido a una “tasa de abandono escolar superior al 90 %, la ausencia total de servicios sanitarios y la falta de apoyo psicosocial o de acompañamiento para superar los traumas”.
Aunque ejercer el derecho de las poblaciones desplazadas a regresar a sus hogares pueda parecer difícil, puede lograrse con éxito, como ha podido comprobar ACN de primera mano: «En Irak, ACN y sus socios de la Iglesia hicieron historia cuando, entre 2017 y 2019, más del 50% de los desplazados internos regresaron a nueve aldeas de las llanuras de Nínive que el ISIS había destruido. Este hecho es recordado claramente por varias organizaciones, algunas incluso refiriéndose al caso de Nínive como el regreso más exitoso de desplazados internos en la historia reciente», dice Mark von Riedemann, director de Asuntos Públicos y Libertad Religiosa de ACN.
Riedemann cree que el mismo éxito podría darse en Nigeria si, como en Irak, el Gobierno nigeriano colaborase estrechamente con las estructuras de la Iglesia local en las distintas zonas afectadas, recibiera más apoyo de la comunidad internacional. Un proyecto exitoso en Benue podría convertirse además en un modelo para otras regiones nigerianas afectadas por desplazamientos masivos, como el estado de Borno.
«Debemos ir más allá de la ‘cultura del campamento’ y restaurar la dignidad del pueblo de Benue para restaurar todo el tejido social y económico. El objetivo es sencillo: ayudar a nuestra gente para que se valgan por sí mismos en las tierras de sus ancestros, donde tienen sus raíces y han cultivado durante siglos», concluye el padre Remigius.