Las 19 religiosas de la orden de las Estuditas del convento de Nuestra Señora de la Protección hacen un llamado urgente a la solidaridad internacional. Afectadas por la vejez, la fragilidad y diversas enfermedades crónicas, las hermanas enfrentan una crisis de salud agravada por el drástico aumento de los precios de los medicamentos, la energía y los alimentos en una Ucrania devastada por el conflicto armado.
Muchas de las religiosas de mayor edad —cuya hermana mayor tiene 97 años— ingresaron a la orden durante la persecución comunista, arriesgando sus vidas para mantener la fe en la clandestinidad. Tras una vida de privaciones, hoy requieren cuidados especializados. Asimismo, varias hermanas de mediana edad padecen enfermedades que necesitan tratamientos urgentes para que puedan continuar con su labor social y espiritual.
Viviendo bajo el voto de pobreza, la comunidad no puede costear estos gastos de forma autónoma. En tiempos de guerra, su servicio desinteresado es un pilar fundamental para llevar alivio y el amor de Dios de manera concreta a la población afectada.
La Madre María, priora del convento, expresó: “La guerra en Ucrania ha traído sufrimiento y enfermedad a muchas personas… Comprendemos que las posibilidades de los benefactores son muy limitadas, pero agradecemos cualquier respuesta a nuestro llamamiento. Que la mano amorosa de nuestro Creador bendiga a todos los benefactores y a sus familias con paz, salud y los dones de Dios”.
Las donaciones recibidas no solo garantizarán el acceso a tratamientos médicos y cuidados paliativos para las hermanas, sino que también permitirán financiar su formación básica y continua, así como ejercicios espirituales para fortalecer su vocación de acompañamiento a las víctimas del conflicto.
“Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?” (Mt 19,27)