Hace apenas 80 años, la fe católica llegó a la zona de la actual diócesis de Wabag. En un principio, fueron misioneros extranjeros los que, bajo condiciones dificilísimas, llevaron allí la Buena Nueva de Cristo. Sus esfuerzos han dado fruto, pues actualmente viven allí 95.000 católicos. Otro motivo de alegría es que la Iglesia crece con gran dinamismo y genera cada vez más vocaciones locales.
El obispo, Mons. Justin Ain Soongie, es él mismo nativo de la diócesis de Wabag. Sus sacerdotes le importan mucho, pero, a pesar de la dureza de su ministerio, carece de medios para apoyarlos:
La mayoría de los fieles viven en zonas montañosas de difícil acceso, en aldeas situadas entre 1.500 y 2.500 metros sobre el nivel del mar. Las parroquias son enormes y cuentan con numerosas filiales, y los caminos suelen ser difíciles de transitar. Los sacerdotes se ocupan de la salvación de las almas y llevan los sacramentos y la Buena Nueva, y también cabe señalar que, en muchos lugares, a la hora de necesitar ayuda, estos son los únicos interlocutores no solo para los católicos, sino para todos los habitantes. Además, también actúan como pacificadores, ya que continuamente se producen enfrentamientos violentos entre las diferentes tribus.
Las intenciones de misa que nuestros benefactores nos confían son, desde hace años, una valiosa ayuda para los sacerdotes de Wabag, pues no solo contribuyen a su sustento inmediato, permitiéndoles adquirir alimentos, atención médica o ropa, sino que también les permiten, por ejemplo, comprar combustible para los desplazamientos a las aldeas más remotas para que los fieles no tengan que esperar en vano la llegada del sacerdote. Esto significa que refuerzan la pastoral y que un mayor número de personas pueden recibir los sacramentos que tanto anhelan. Además, con los estipendios de misa se pueden comprar hostias, vino de misa y velas para la celebración de la Santa Misa.
También este año, Mons. Justin Ain Soongie nos pide ayuda para los 29 sacerdotes de la diócesis de Wabag y nos escribe: “Debido a los problemas sociales y a las luchas tribales, mis sacerdotes se enfrentan a muchos retos en su zona de misión. Sin embargo, a pesar de todas las dificultades, cumplen con su deber y su responsabilidad, y acompañan a las personas en su camino de fe. Recibiremos con el corazón agradecido todo lo que podéis darnos, y seguiremos rezando por vosotros, que sois quienes nos ayudan a llevar adelante la misión de Cristo”.
¿Podrán los sacerdotes de Wabag celebrar de nuevo este año la Santa Misa por vuestras intenciones?