“Al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 33-34)
La asistencia médica en Siria lleva años sumida en una crisis. La guerra ha destruido muchos hospitales, centros médicos y fábricas donde se elaboraban medicamentos, mientras que numerosos médicos, enfermeros y enfermeras se han marchado al extranjero.
Los medicamentos y los tratamientos médicos, especialmente las operaciones, se han vuelto extremadamente caros, y muchos pacientes, sobre todo personas mayores, desempleadas o solas, ni siquiera acuden al médico por miedo a endeudarse en exceso. La situación es especialmente grave para los pacientes con cáncer, cuyo diagnóstico en sí mismo ya es difícil de asimilar para cualquiera, pero que, además, supone una sentencia de muerte segura cuando falta el dinero para el tratamiento. Así también pasa con la vida de los enfermos del corazón, quienes pueden salvarse a menudo mediante una operación, o, una operación puede impedir que otra persona pase a necesitar cuidados intensivos y ya no pueda llevar una vida autónoma.
El Comité de Ayuda de los Obispos, con sede en Alepo, es la última esperanza para muchos pacientes que padecen cáncer u otras enfermedades graves, pues allí encuentran apoyo para poder recibir tratamiento. Sin esta ayuda, esto no sería posible.
Cada año, ustedes se convierten en el “buen samaritano” que no miró para otro lado cuando encontró al hombre gravemente herido en su camino a Jericó. Una y otra vez mostran compasión y abren su corazón para salvar vidas, aliviar el dolor y regalar una nueva vida. También ahora, 1.800 enfermos esperan recibir la noticia de que hay esperanza para ellos: que su tumor puede operarse, de que pronto podrán volver a caminar, que podrán recuperar la vista…