Los desplazamientos forzados de personas provocados por la violencia dificultan los esfuerzos para contener los contagios.
La República Democrática del Congo (RDC) afronta una nueva ola de ébola en un contexto especialmente difícil en el este del país, donde los conflictos armados y la presencia de grupos rebeldes limitan las posibilidades del Gobierno y de la Iglesia para responder a la enfermedad.
En su visita a la sede internacional de Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) en Alemania, el padre Olivier Ndondo, superior provincial de los religiosos del Santísimo Sacramento en la RDC y Uganda, explicó que el país estaría afrontando actualmente una nueva ola de la enfermedad, desde que apareció por primera vez en 1976.
Mientras las autoridades han actuado rápidamente para diagnosticar los casos, contener los contagios y evitar una mayor propagación en gran parte del país, el problema resulta especialmente grave en el este, donde el conflicto dificulta el acceso a las zonas afectadas. “Es muy difícil entrar ahí por la guerra”, explica el sacerdote, señalando que el Gobierno tiene dificultades para llegar a determinadas áreas y proporcionar atención sanitaria.
A la dificultad de controlar la enfermedad se suma el desplazamiento forzoso de la población provocado por la violencia hacia otras regiones, lo que aumenta las posibilidades de propagación del virus. Tanto en el este como en el noreste, en la frontera con Uganda constituye un desafío debido al constante movimiento de personas.
Según el padre Ndondo, la situación al otro lado de la frontera parece estar mejor controlada porque las autoridades pueden intervenir con mayor facilidad. Sin embargo, los desplazamientos entre ambas zonas hacen que el control de la enfermedad siga siendo difícil. “De un lado tienen que lidiar con el conflicto, pero además está el tema de la enfermedad”, resume el sacerdote.
La respuesta de la Iglesia
En medio de la crisis, la Iglesia desempeña un papel especialmente relevante y trata de responder con los medios de los que dispone: acogiendo a los desplazados, proporcionando ayuda de emergencia, concienciando sobre el ébola y llamando a la solidaridad con las comunidades del este.
Por su parte, la Conferencia Episcopal de RDC ha difundido un comunicado para concienciar sobre el ébola y pedir que se actúe con responsabilidad y se respeten las medidas higiénicas y sanitarias para evitar nuevos contagios.
“La Iglesia en el este enfrenta las dos emergencias, la guerra y la epidemia, con lo que tienen y con lo que pueden”, explica el sacerdote. Entre las dificultades para contener la enfermedad se encuentran también determinadas costumbres locales relacionadas con los fallecidos, que pueden implicar el contacto físico con los muertos y complicar las medidas de prevención.
Desarrollo y paz
“La paz y la salud” están estrechamente relacionadas, subraya el padre Ndondo. “Sin paz es más difícil proteger la salud, y sin salud resulta aún más difícil reconstruir la esperanza de una población marcada por décadas de violencia”, subraya el sacerdote.
La violencia también tiene un fuerte impacto psicológico y social. Sin paz, explica, las personas no pueden trabajar, escolarizar a sus hijos o mantener unas condiciones adecuadas de salud. “Con la guerra perdemos la esperanza”, afirma el sacerdote, que señala que hay personas que han pasado prácticamente toda su vida en un contexto de conflicto: “Hay jóvenes que nacieron hace 30 años y solo han conocido la guerra”.
La situación tiene consecuencias para toda la población congoleña. Desde Kinshasa, la capital, se percibe el coste de la guerra, tanto por el esfuerzo económico que exige al Gobierno como por las consecuencias humanas de la violencia: muertes, secuestros, hambre y desplazamientos.