La Iglesia en Colombia evalúa daños y asiste a las víctimas tras el devastador terremoto

Iglesia en Colombia

Un sismo de magnitud 7,4 sacudió el pasado lunes gran parte del occidente y centro de Colombia. El epicentro se registró en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó. De acuerdo con el reporte oficial más reciente, la emergencia deja 265 personas fallecidas, 3.494 heridos y 496 desaparecidos.

El sismo ha dejado a más de 53.000 personas afectadas y al menos 257 estructuras colapsadas. Ciudades como Cali, Pereira, Quibdó, Manizales y Armenia permanecen en alerta roja. Ante esta coyuntura, un equipo de ACN Colombia, encabezado por su directora ejecutiva, María Inés Espinosa Calle, se desplazará durante los próximos días a Quibdó, Istmina-Tadó y Buenaventura. El propósito de la visita es registrar la afectación de las edificaciones de la Iglesia, acompañar a las comunidades y recoger los testimonios de los hombres y mujeres de la Iglesia que permanecen al lado de los damnificados.

La oficina nacional ha mantenido contacto constante con los obispos de las zonas afectadas, quienes relatan un nivel de destrucción muy elevado. Monseñor Mario de Jesús Álvarez Gómez, obispo de Istmina-Tadó, ha recorrido su jurisdicción durante los últimos tres días, en la medida en que las condiciones de las vías se lo han permitido. El prelado advirtió con preocupación que «la situación es tremenda, hay muchos más daños de los que se pueda uno imaginar».

Por su parte, monseñor Winston Mosquera, obispo de Quibdó, manifestó que «los hospitales no dan abasto». En conversación con ACN, monseñor Mosquera explicó que el terremoto coincidió con un periodo de tránsito de parroquias en su diócesis, en el cual los párrocos salientes entregan sus comunidades a los entrantes. Muchos de los presbíteros vieron cómo las inversiones que habían realizado con gran esfuerzo para renovar los templos, las casas curales y otras edificaciones eclesiales se vinieron abajo, un revés que implica «empezar de nuevo, casi de cero».

Como es habitual en estas situaciones de desastre, la Iglesia católica se ha convertido en uno de los primeros lugares de refugio, ofreciendo acogida, consuelo y apoyo espiritual a las familias desde las primeras horas. El apoyo internacional y la presencia de la fundación buscan brindar respaldo a las diócesis locales en su labor humanitaria y pastoral. La visita de ACN es recibida como un alivio por el clero local, tal como lo expresó el padre Harold Romaña, ecónomo de la Diócesis de Buenaventura:

«Gracias por querernos tanto».

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