Los obispos afirman que la decisión del Tribunal Supremo forma parte de un ciclo de injusticia para las víctimas de persecución.
Los obispos de Pakistán han expresado su consternación después de que el Tribunal Supremo del país anulara las condenas de tres hombres declarados culpables del asesinato de un cristiano y a su esposa embarazada, quienes fueron quemados vivos tras ser arrojados a un horno de ladrillos.
En declaraciones a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN), los obispos Samson Shukardin e Indrias Rehmat afirmaron que la puesta en libertad de los hombres absueltos por el asesinato de Shahzad Masih y Shama Bibi forma parte de un patrón en el que a los cristianos y otras minorías se les niega sistemáticamente la justicia tras sufrir actos de violencia.
El Tribunal Supremo anuló las sentencias de muerte de los tres condenados, alegando fallos en las pruebas y una acusación débil. La máxima instancia judicial de Pakistán fue más allá al desestimar también el recurso presentado por el Gobierno provincial de Punjab contra la absolución de 102 personas acusadas de complicidad en las atrocidades cometidas contra el joven matrimonio.
Según las acusaciones, en noviembre de 2014, en Kot Radha Kishan, localidad al sur de Lahore, una turba torturó brutalmente a Shahzad y Shama antes de quemarlos vivos en un horno de ladrillos tras haber sido acusados de blasfemia.
La policía abrió diligencias contra cientos de sospechosos. Posteriormente, cinco de ellos fueron condenados a muerte, de ellos dos fueron absueltos por el Tribunal Superior de Lahore, quedando los tres acusados que han sido absueltos por el Tribunal Supremo el pasado viernes 10 de julio.
Reaccionando al fallo judicial, Mons. Samson Shukardin, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Pakistán y obispo de Hyderabad, declaró: «Shahzad y su esposa Shama, que estaba embarazada, fueron arrojados vivos al fuego. Al final, ¿Cuál es el resultado de todos estos esfuerzos en busca de justicia? La gente siente que no tiene voz, que nadie la escucha. Claman para ser escuchados».
Por su parte, Mons. Indrias Rehmat, obispo de Faisalabad, declaró a ACN: «Estamos profundamente decepcionados de que, después de 12 años, la historia vuelva a repetirse. Quienes más han sufrido son quienes continúan padeciendo discriminación y humillación».
Ambos obispos afirmaron que la decisión del Tribunal Supremo es solo uno de muchos casos de injusticia contra cristianos y otras minorías. Según denunciaron, tras incidentes violentos suelen producirse arrestos rápidos, pero posteriormente la mayoría de los sospechosos —si no todos— son puestos en libertad, y quienes permanecen encarcelados terminan siendo liberados al retirarse los cargos o anularse las condenas.
Mons. Rehmat criticó asimismo una sentencia dictada el lunes 13 de julio por el Tribunal Antiterrorista de Faisalabad, que condenó a un hombre a diez años de prisión y absolvió a otras doce personas acusadas de participar en los disturbios de agosto de 2023 en Jaranwala, en la provincia de Punjab, durante los cuales fueron atacadas 26 iglesias y más de 80 viviendas de cristianos. El susodicho fue declarado culpable de utilizar una grúa para provocar daños en edificios eclesiales.
Mons. Rehmat afirmó: «A los acusados de perpetrar los ataques de Jaranwala se les concede siempre el beneficio de la duda». Y, augurando que el hombre que usó una grúa para causar daños en edificios eclesiales será puesto en libertad en unos años, añadió: «A quienes destruyen nuestras iglesias, profanan nuestras Biblias y queman nuestras casas se les concede la libertad. En cambio, quienes han sufrido el dolor y la tragedia no reciben ninguna esperanza. Son abandonados».
Mons. Shukardin respaldó las preocupaciones expresadas en un comunicado público de la Comisión Nacional (Católica) de Justicia y Paz (NCJP), que denunció «un patrón continuo de impunidad para los autores de crímenes atroces contra las minorías religiosas».
En declaraciones a ACN, Mons. Shukardin, que también preside la NCJP, denunció reiterados incumplimientos policiales a la hora de registrar adecuadamente los casos, lo que impide que los tribunales dispongan de las pruebas necesarias para llevar a los responsables ante la justicia. «La policía es la principal responsable de aportar las pruebas. Los tribunales prestan atención a lo que presenta la policía. La realidad de lo ocurrido suele ser muy grave y estos casos exigen firmemente justicia, pero las pruebas terminan siendo débiles» afirmó.
El obispo señaló, además, que los cristianos y otros miembros de minorías tienen miedo de reclamar justicia por temor a represalias: «Quienes se atreven a hablar también ponen su vida en peligro».
Mons. Shukardin pidió a los gobiernos occidentales que insten a Pakistán a garantizar la libertad religiosa para todos: «Si los países más influyentes del mundo exigieran que se hiciera justicia, supondría una gran diferencia. Con frecuencia, delegaciones de estos países visitan Islamabad, pero no llegan a conocer la realidad sobre el terreno».
Ambos obispos agradecieron a ACN su labor de visibilización de la persecución y la discriminación en Pakistán, subrayando que sensibilizar a la opinión pública, especialmente en Occidente, es fundamental para la búsqueda de justicia.
Mons. Rehmat concluyó diciendo a la fundación: «Nos enfrentamos constantemente al reto de sacar a la luz estas injusticias. Estoy agradecido de que hayan dedicado unos minutos a escuchar nuestras preocupaciones».