Para recompensar y dar las gracias a los sacerdotes por su ministerio, los fieles les entregan desde siempre estipendios de misa. Esto significa que les piden que celebren una Santa Misa por determinadas intenciones entregándoles a cambio dinero u otros pequeños obsequios. Sin embargo, aquí no se trata de ‘pagar’ la Santa Misa, lo cual sería imposible, sino de un gesto de amor y gratitud. Para muchos sacerdotes de todo el mundo, los estipendios de misa suponen una contribución insustituible a su sustento porque en muchos países no perciben un salario. Al mismo tiempo, una Santa Misa es el regalo más valioso que nosotros, como fieles, podemos hacer a un ser querido, incluso cuando ya ha fallecido.
Cada año, ACN está en condiciones de hacer llegar sus estipendios de misa a miles de sacerdotes de muchos países del mundo, entre ellos, a los 16 sacerdotes de la diócesis de Mar del Plata, en Argentina, que trabajan en parroquias especialmente pobres y celebran la Santa Misa por vuestras intenciones. Para ellos, vuestros donativos representan una ayuda muy valiosa, ya que Argentina sufre desde hace muchos años una grave crisis económica y una elevada inflación.
El párroco Gonzalo Domench, uno de los sacerdotes que recibe con regularidad vuestras ofrendas para la misa, nos ha escrito una carta que queremos compartir con vosotros:
“La parroquia que Dios me ha confiado como párroco es una comunidad situada en las afueras de la ciudad de Necochea. Esta parroquia está marcada por el sufrimiento, no solo por la pobreza y la desigualdad, sino también porque entre nuestras tareas se encuentran el cuidado del cementerio y del hospital de la ciudad. Como párroco, trato de animar, acompañar y guiar a las personas en todos los ámbitos. Vuestros estipendios de misa me permiten cubrir los gastos de la seguridad social y cotizar a la pensión, lo cual sería imposible sin esta ayuda. Por eso no quiero desaprovechar la ocasión de daros las gracias por acordaros aquí de nosotros y por darnos la oportunidad de rezar por vuestras intenciones. Nos reconforta mucho saber que los sacerdotes no estamos solos. Tened la seguridad de que aquí hay un sacerdote que, desde la distancia, os lleva en el corazón y reza por vosotros e intercede en vuestro favor.
¿Podrán el párroco Gonzalo y sus compañeros seguir contando con vuestra ayuda?