Las hostias, que en la Santa Misa se transforman en el Cuerpo de Cristo, suelen ser horneadas por religiosas contemplativas en silencio y oración. Esta actividad no solo es idealmente compatible con la vida conventual, sino que presta un importante servicio a la Iglesia local, ya que las parroquias necesitan hostias para poder celebrar la Eucaristía, que es la fuente y el centro de la vida de la Iglesia.
Hornear y troquelar las finas obleas es una tarea que requiere de mucho cuidado y delicadeza, ya que se parten con facilidad y deben tener exactamente la consistencia adecuada. Hay máquinas que facilitan esta tarea y sin las cuales el trabajo es muy laborioso y lento, lo cual les dificulta a las religiosas satisfacer la demanda.
También las clarisas de la archidiócesis de Lilongwe, en Malaui, en el sudeste de África, no solo desean, mediante la elaboración de hostias, contribuir a sus propios ingresos, sino también ayudar a la Iglesia local, pues el número de católicos y, por ello, la demanda de hostias está aumentando. Por esta razón, las religiosas nos han pedido ayuda para la adquisición del equipo necesario.
La Hna. Maria Chiara Ng’ambi nos lo explica así: “Nuestro estilo de vida es exclusivamente contemplativo: llevamos una vida de oración por la Iglesia y por el mundo entero. La contemplación y el trabajo son el corazón del Evangelio, y así nos ganamos el sustento con el trabajo de nuestras manos, confiando en la Divina Providencia”. Entre otras cosas confeccionan vestimentas litúrgicas, pero, naturalmente, su demanda es menor que la de hostias, que se consumen a diario en gran cantidad.
Lo poco que tienen estas religiosas lo comparten con los pobres que llaman a las puertas de su convento. Malaui es, de por sí, uno de los países más pobres del mundo, y los precios no dejan de subir. Además, en octubre de 2025, el Gobierno decretó el estado de catástrofe debido a la sequía imperante.
El arzobispo George Desmond Tambala apoya la petición de las religiosas y nos escribe:
“Este proyecto, urgentemente necesario para el sustento de las hermanas, también contribuirá a que nuestra archidiócesis disponga de suficientes hostias para la celebración eucarística. Espero y rezo para que ustedes nos ayuden”.
Nosotros hemos prometido $ 30.440 (28.500 euros) para un equipo para la producción de obleas.
¿Les gustaría ayudar a estas religiosas, que rezan por todo el mundo, a ganarse la vida de forma duradera con su propio trabajo?