Ruanda: Ayúdanos a financiar jornadas de retiro para 54 sacerdotes de la diócesis de Gikongoro

Sacerdotes de Gikongoro

La diócesis de Gikongoro se encuentra en el sur de Ruanda y cuenta con 20 parroquias y alrededor de un cuarto de millón de fieles. Aunque es probable que la mayoría de la gente en el extranjero no conozca el nombre de esta diócesis, muchos fieles de todo el mundo conocen el santuario mariano de Kibeho, ubicado en su territorio. Allí se venera a la Santísima Virgen como Nyina wa Jambo, a saber, ‘Madre de la Palabra’.

El santuario, reconocido por la Iglesia católica en 2003, está a la altura de lugares de peregrinación como Lourdes o Fátima y es el primer lugar de peregrinación de este tipo en el continente africano. El número de peregrinos -también de otros continentes- va en aumento. En 1981 la Virgen se les apareció allí por primera vez a tres niñas, y un año más tarde tuvo lugar la visión más dramática, que solo una década después se convertiría en una cruel realidad: las niñas vieron un torrente de sangre, personas matándose unas a otras, innumerables cadáveres abandonados sin enterrar, cabezas cercenadas… El genocidio de 1994, que en cien días se cobró la vida de casi un millón de personas, y también la masacre cerca de Kibeho en un campo de desplazados, donde un año después 5.000 personas fueron asesinadas de forma bestial, dejan atrozmente claro a dónde conduce que las personas se olviden de Dios y se entreguen al odio.

La Virgen María ya había advertido de ello. Kibeho se ha convertido así en un recordatorio de las víctimas donde los ruandeses se comprometen, con la ayuda de Dios, a que algo así no vuelva a suceder jamás.

Durante los trágicos acontecimientos de 1994, varias escuelas, casas parroquiales, parroquias, conventos, escuelas y centros de salud de la diócesis de Gikongoro sufrieron graves daños y fueron saqueados. Más de diez sacerdotes fueron asesinados y los demás se vieron obligados a huir. Solo tres sacerdotes permanecieron en la diócesis, y a raíz de estas desgracias hubo que repararlo o reconstruirlo todo… incluidas las almas.

Al principio también fue difícil atraer a jóvenes al servicio de Dios, pues estos estaban profundamente traumatizados. No obstante, con el tiempo se pudo reconstruir la vida eclesial y surgieron nuevas vocaciones. Actualmente, 54 sacerdotes diocesanos trabajan allí.

Para el obispo, Mons. Célestin Hakizimana, el anuncio de la Buena Nueva y el fortalecimiento de la fe de las personas son prioritarios. Sin embargo, sus sacerdotes son a quienes acude la población para todas las demás necesidades, y por eso es necesario fortalecerlos espiritualmente para su exigente ministerio, a fin de que puedan proclamar y dar testimonio del Evangelio con alegría y plena convicción.

Por esta razón, el obispo desea que los sacerdotes de su diócesis puedan participar en unos ejercicios espirituales de seis días. Nos lo explica así: “Un retiro espiritual es un tiempo en el que una persona se aparta de sus actividades habituales y se aleja físicamente de su entorno vital para tomarse un respiro para descansar, meditar, rezar y reflexionar. Nuestra diócesis concede gran importancia al tiempo de retiro de sus sacerdotes porque, tras las intensas actividades pastorales, necesitan ese tiempo de silencio para recuperarse física y espiritualmente y reponer fuerzas”.

Para que ello sea posible, se ha dirigido a nosotros, ya que la diócesis carece de los recursos necesarios: por sacerdote se necesitan alrededor de $ 117.488 (110 euros) para los seis días de retiro.

¿Quieres brindar a uno o a varios de los 54 sacerdotes de Gikongoro la oportunidad de regresar a su ministerio renovados y fortalecidos interiormente?

Donar