El Papa no ha olvidado al «hermano que sufre»

Del 5 al 6 de julio, el Papa Francisco invitó a los metropolitanos y al alto clero de la Iglesia greco-católica ucraniana a una reunión en el Vaticano. El objetivo era reflexionar «sobre la compleja y delicada situación del país».

Se trata de un encuentro, inédito, lo cual subraya la preocupación del Papa por este país de Europa del Este. Alrededor de 4,5 millones de ucranianos pertenecen a la Iglesia greco-católica; muchos de ellos viven en el extranjero.

Tobias Lehner, de ACN Alemania, ha mantenido una conversación con Mons. Bohdan Dsjurach, obispo auxiliar greco-católica de Kiev sobre aspectos alentadores del encuentro con el Papa, sobre la continua violencia en su país y sobre nuevas vías en la labor pastoral.

ACN: ¿Le sorprendió la invitación a la reunión; qué significa para usted que el Papa dé, por así decir, una «prioridad máxima» a Ucrania?

Mons. Bohdan Dsjurach: La invitación del Papa Francisco se corresponde con su actitud de dar prioridad a las personas necesitadas. En su discurso al comienzo de la reunión, el Santo Padre nos llamó a tener un corazón abierto, a permanecer cerca de los oprimidos y aquellos que viven «la noche de la tristeza». Lo que enseña el Papa, también lo vive. Desde hace años hemos experimentado en Ucrania la cercanía y el apoyo del Santo Padre. Sin embargo, esta forma de encuentro fue algo completamente nuevo en las relaciones entre la Iglesia greco-católica ucraniana y la Santa Sede. En ese sentido: sí, fue una sorpresa.

¿De qué se habló durante el encuentro? ¿Hay resultados concretos?
En primer lugar, expusimos la situación política y económica de Ucrania, especialmente en el contexto de la guerra que aún continúa en el este del país y la catástrofe humanitaria que lleva consigo. Expresamos nuestra gratitud por la iniciativa «El Papa para Ucrania» [una colecta especial en todas las iglesias de Europa que el Papa Francisco convocó en abril de 2016 y que recolectó casi 16 millones de euros]. También hablamos de nuevas iniciativas para las personas necesitadas.

Dedicamos mucho tiempo y atención a cuestiones pastorales. Además de la evangelización y la catequesis, fue asimismo un tema importante la labor pastoral con emigrantes ucranianos en distintos países. También hablamos sobre el papel de la Iglesia greco-católica ucraniana en el diálogo ecuménico. Fue muy importante y valioso que pudiéramos intercambiar nuestras opiniones, compartir nuestras alegrías, esperanzas y preocupaciones, directamente con el Papa y sus colaboradores más cercanos.

En el este de Ucrania continúa la guerra desde hace cinco años; Crimea fue anexionada por Rusia; el establecimiento de una Iglesia ortodoxa ucraniana autónoma ha producido serios conflictos con la Iglesia ortodoxa rusa. ¿Cómo puede la Iglesia greco-católica contribuir a unir este país desgarrado?
A pesar de todas las dificultades que están experimentando actualmente nuestro pueblo y las iglesias en Ucrania, queremos seguir siendo embajadores de la esperanza, la verdad y el amor. Esto es también lo que el Papa nos ha llamado a hacer. Muchas tensiones se remontan a la guerra, que no sólo se libra por medios militares. Para superar estas dificultades, nuestro país necesita consolidación, fuerza interior y discernimiento espiritual. Eso es lo que queremos reforzar. Nuestra oración y vigilancia son los pilares de nuestro servicio al pueblo ucraniano.

En el ámbito de la política interior, en Ucrania todo está por decidir. El nuevo Presidente Volodímir Zelenski causó revuelo recientemente cuando retiró las tropas de Ucrania oriental. ¿Cómo ha asumido la población ucraniana este paso? ¿Está aumentando la esperanza de paz?
Todos los observadores, tanto los de Ucrania como del extranjero, pueden ver claramente que la clave para la paz en Ucrania no está en Kiev, sino en Moscú. Los pasos individuales pueden proporcionar un desahogo a corto plazo. Sin embargo, sería ingenuo esperar de ello una solución al conflicto o una paz duradera. Esto requiere mucha más solidaridad y unidad por parte de la comunidad internacional.

Hace 30 años cayó el Telón de Acero, con lo que terminó la dictadura comunista en Ucrania. La Iglesia greco-católica había sido perseguida sangrientamente en esa época. Desde el cambio político, la vida de la iglesia ha florecido en muchos lugares. Si observa los próximos 30 años: ¿Cuáles son los mayores desafíos para la Iglesia greco-católica y cómo puede ayudar ACN?
La preocupación por una profundización en la fe, el anuncio de la fe entre las personas que aún no han encontrado a Cristo, la labor pastoral con los jóvenes y las vocaciones son nuestras mayores tareas. Además, debemos superar las trágicas consecuencias de la guerra y la violencia, que esperamos que algún día lleguen a su fin con la ayuda de Dios.

Nunca nos hemos sentido abandonados en las pruebas que hemos sufrido en el pasado. ACN sigue siendo uno de nuestros colaboradores más importantes, que nos acompaña amorosamente con la oración y la ayuda económica. Estamos seguros de que la Fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre seguirá inspirándose en las palabras del Papa, que nos dijo en la reunión del 5 de julio: «No debemos olvidar al hermano que sufre».

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