En sus anotaciones personales, la santa Madre Teresa cuenta: “Un día conversé con un sacerdote sobre amistades que nos alejan de Dios. Él me confió: ‘Madre, para mí, Jesús es todo. Para otros apegos no me queda tiempo ni espacio. Esto fue para mí la explicación por la cual aquel sacerdote conducía a tantas personas a Dios: estaba siempre en unión con Él.